viernes, 19 de marzo de 2010

Green Zone: Distrito protegido

NACIONALIDAD: U.S.A.
DIRECTOR: Paul Greengrass
INTÉRPRETES: Matt Damon, Jason Isaacs, Amy Ryan, Brendan Gleeson, Greg Kinnear.




Tras el éxito de las películas de la saga protagonizada por el personaje de Jason Bourne, principalmente por las dos últimas realizadas por el dúo conformado por el director Paul Greengrass y el actor Matt Damon, no es de extrañar que los productores de Green Zone se hayan lanzado a promocionar esta película recordando al público las trepidantes aventuras del espía amnésico. De hecho, en el trailer del film jugaban al equívoco con el espectador afirmando conveniente y solemnemente que 'Bourne se hace épico', como si ambas películas tuviesen algo que ver más allá de una nueva colaboración entre el actor y el director.
Sin embargo, al margen de las similitudes estilísticas propias del realizador, la saga de Bourne y Green Zone mantienen muy pocos puntos en común.
Tomando el premiado libro de Rajiv Chandrasekaran, ex-director de la oficina del Washington Post en Bagdad, Vida imperial en la Ciudad Esmeralda como punto de partida, Greengrass y su guionista Brian Helgeland (Mystic river, L.A. Confidential) conforman un trepidante thriller en el que fabulan sobre las causas que llevaron a la invasión de Irak en 2002 por parte del ejército estadounidense y, más concretamente, la búsqueda de las armas de destrucción masiva cuya supuesta existencia puso el gobierno de George Bush Jr. como excusa para dicha invasión.
Bien es cierto que este hecho es utilizado por Greengrass y su equipo como una suerte de McGuffin más propio de Hitchcock para conformar un thriller frenético en el que la crítica política sirve más como añadido de la trama que como un aspecto importante de la misma.
Las armas de destrucción masiva, la corrupción, los intereses económicos y políticos, la crítica a una guerra sin sentido (como todas al fin y al cabo) son sólo el fondo sobre el cual asentar una trama protagonizada por un soldado corriente, un tipo cualquiera que sólo quiere hacer bien su trabajo y que se da cuenta que todo lo que le habían contado para que estuviera en un país que no es el suyo, jugándose la vida por unos ideales ficticios y por una causa presumiblemente justa, no es más que una farsa orquestada por políticoscorruptos, empresarios sin escrúpulos y periodistas con poca ética profesional.
A lo largo de un metraje que transcurre como un suspitro ante nuestros ojos, Green Zone no nos cuenta más de lo que ya sabemos. Tampoco lo intenta. A estas alturas cualquiera sabe que las causas que llevaron a la invasión de Irak no fueron las que nos intentaron vender. Eso no impide que sirvan para conformar un film de calidad, muy entretenido y espectacular, no exento eso sí de cierta carga crítica, que es capaz de atraparnos desde prácticamente el primer fotograma y no soltarnos hasta que se inician los títulos de crédito. Sólo eso ya vale por sí mismo el abultado precio que pagamos por la entrada.